Tenés un pie afuera y ganas de tirar todo. Quedate un minuto antes de decidir.
Llegaste a ese punto en que el sistema te pesa más de lo que te sostiene, y aparece la idea clara de dejarlo. No estás fallando: estás cansado, y el cansancio siempre te susurra que abandones. Querer largar no te hace débil ni inconstante; te hace humano en un día difícil. Antes de decidir desde el agotamiento, démosle un minuto a la parte tuya que todavía está acá leyendo esto.
Un paso chico, ahora
Una decisión se toma mejor con el sistema nervioso un poco más calmo, no en el pico del fastidio. Probá esto en tres pasos: 1) Apoyá los dos pies en el piso y soltá los hombros. Una exhalación larga, más larga que la inhalación. Tres veces, sin apuro. 2) Decite (en voz baja o por escrito) qué es exactamente lo que querés largar: ¿el programa entero, o el ritmo que te pusiste encima? A veces no es el camino, es la mochila que le agregaste. 3) Elegí la versión más chica de seguir un día más: no el plan perfecto, el mínimo que sí podés hoy. Mañana volvés a elegir. Hoy sólo no cerrás la puerta de un golpe.
No tenés que sentirte motivado para no abandonar hoy. Sólo tenés que no decidir desde el peor momento. El que dejó un pie adentro ya hizo lo más difícil.
✦ Acá nadie avanza en línea recta. El que sigue no es el que nunca quiso largar: es el que volvió después de querer hacerlo.